SOMBRAS Y LUCES

20.10.2014 12:54

Ayer, 19 de Octubre,  fue el día que la Sociedad en general dedica a la Concienciación Mundial sobre la importancia del diagnóstico precoz del Cáncer de Mama. Detectarlo a tiempo salva vidas y esto es algo que debemos recordar las mujeres, cada día.

Por esta razón y porque hacía tiempo que quería escribir sobre esto, hoy mi pluma escribe en color rosa. No estaba segura del enfoque que debía darle y por ello he necesitado tiempo y reflexión para plasmarlo desde una perspectiva humana y positiva. Confieso que me ha resultado difícil por la complejidad que supone contemplarlo desde el otro lado del cristal, pero también confío en que esto me haya podido ayudar a mantener la perspectiva serena y profesional sobre este difícil tema, o al menos esa era mi intención.

Cuando hablamos de cáncer de mama, automáticamente pensamos en esa mujer que va a necesitar enfrentarse a la enfermedad con pruebas y más pruebas, con cirugía probablemente, con radioterapia o quimioterapia. Pensamos en las expectativas de vida que puede tener, dependiendo de su diagnóstico y el camino médico que tendrá que recorrer como paciente para superar su enfermedad, pero pocas veces pensamos en los sentimientos y las emociones que esa mujer afectada de cáncer de mama puede estar padeciendo. Sentimientos y emociones que la van a acompañar en su duro camino y que la harán vivirlo de una manera diferente en función de cómo pueda entenderlas y liberarse de ellas.

Para la mayoría de las mujeres, nuestros senos son símbolos de feminidad, forman parte de nuestra esencia de mujer, de nuestra sensualidad y sexualidad. Han alimentado a nuestros hijos y han dado cobijo a nuestra maternidad y crianza. La mujer es coqueta por propia naturaleza. Los senos son por tanto bastante más que cualquier otra parte de nuestro cuerpo de la cual podrías prescindir sin más. Nuestros senos nos identifican como mujeres y nos guían toda nuestra vida. Sentir que todo esto puede tambalearse ante mi desconcertante impotencia, me resulta desgarrador.

Hablar de cáncer de mama por tanto no es solo hablar de enfermedad, es hablar de toda una tempestad de emociones y sentimientos que se desbordan sin contención y que nos rompen el alma y nos zarandean los cimientos de nuestra existencia.

Cuando a una mujer le diagnostican un cáncer de mama, la primera fase por la que pasa, inmersa en su inevitable duelo, es la NEGACIÓN. “No me puede estar pasando esto” “No es posible, se han debido equivocar” “Necesito una segunda opinión”...Aún albergo en mí la esperanza de imaginar que todo esto solo es un mal sueño, pero que cuando despierte volveré a mi realidad verdadera.

Tristemente, la necesidad de tomar consciencia de lo que está pasando va dando paso a la inevitable aceptación de que la realidad, por dura que nos parezca es la que es y la mayor parte de las mujeres pasan a aceptar la enfermedad en esta primera etapa más por sumisión que por comprensión, pues aún no entendemos ¿por qué me ha pasado a mí? ¿qué parte de culpa puedo yo tener en lo que me está sucediendo? ¿es por algo que he hecho o dejado de hacer? Aceptamos pero no comprendemos.

Esta “parcial aceptación” da paso a un sentimiento de IRA o RABIA incontenida. Ira contra el mundo, contra mí misma, contra todo y todos. La ira es un sentimiento destructivo que no debemos dejar que se aloje en nuestros corazones. Grita, llora, deja salir esa rabia, sal a andar o correr, sácalo fuera, desfógala de alguna manera, no te quedes con ella dentro, no te hará ningún bien.

A continuación nos invade EL MIEDO. Miedo a no superar la enfermedad, miedo a dejar solos a nuestros hijos y/o pareja, miedo a no saber si tendré la suficiente fortaleza para mantenerme erguida en todo el proceso o si seré capaz de levantarme tras cada nueva caída. Mi parte racional me hace ver que no soy un ente individual, que tengo familia, a veces hijos, responsabilidades con ellos y que puede que no esté allí para formar parte de sus vidas o verlos crecer. La muerte es el fin último de nuestra existencia, pero no estamos preparados para albergar conscientemente la posibilidad de que esta se presente antes de tiempo.

El miedo es una emoción que nos predispone a la alerta, pero que también  nos puede bloquear pues afecta al cuerpo y a la mente. Puede acompañarse de sensación de ANSIEDAD Y DEPRESIÓN que puede alterar la percepción de la realidad hasta el punto de doblegar nuestra voluntad y hacernos caer en FRUSTRACIÓN Y DESESPERACIÓN.

Para superar nuestro miedo es fundamental estar muy bien informada por parte de nuestro médico. Debemos preguntar todo aquello que dudemos y queramos escuchar (o no) e informarnos muy concisamente de la repercusión de nuestra enfermedad y las consecuencias de su tratamiento. Saber de antemano el camino que necesitamos recorrer nos hará reconocerlo conforme lo vayamos transitando y esto nos tranquilizará. Busca fuentes de información fiables y contrástalo con tu médico, que es la única persona que te puede asesorar correctamente, confía en él y en la medicina. Créeme, te hará bien.

En el momento en que tu información se refuerce, tu visión de la enfermedad cambiará, la angustia y el miedo irán disminuyendo en  favor del refuerzo de tu voluntad para aceptar que el tratamiento es lo que te va a ayudar a superarlo, será tu gran aliado a pesar de los posibles efectos colaterales. Asumir nuestra responsabilidad como paciente es determinante en la forma en la que viviremos esta experiencia y en el resultado de la misma.

Probablemente el sentimiento más doloroso y duradero sea el de la VERGÜENZA. Vergüenza de tener que desnudarme cada noche ante mi espejo y no reconocerme. Sentimiento que arrasa mi confianza y devasta mi autoestima hasta el punto de cerrar los ojos o hacerlo a oscuras para no enfrentarme a esa imagen de mí misma que me horroriza y me rompe por dentro y por fuera.

Vergüenza de no saber cómo me verá mi pareja o de si esto influirá en nuestra relación, en nuestra sexualidad o en nuestra confianza mutua. ¿Y si ya nunca más me quiere tocar? ¿Y si él no está preparado para hacerlo o también se horroriza ante mi nueva imagen? ¿y si soy yo la que no estoy preparada para recibir las caricias de mi compañero? Preguntas que solo el tiempo te contestará y tu actitud ante esta emoción. Superarlo dependerá en gran medida de tu voluntad y naturalmente de la comprensión y el apoyo de tu pareja.

Debes esforzarte en mantener una comunicación con tu pareja y no esconderte tras tu vergüenza. Hacerle ver cómo te apetece que te acaricie y si el sexo en este momento debería ser más “emocional” a través de caricias y progresiva aceptación de la nueva imagen por parte de los dos y tal vez menos “genital”. La comunicación os acercará de nuevo.

Hay mujeres que se aceptan tal y como están desde un principio y muestran al mundo esa fortaleza innata que solo ellas conocen, pero  hay otras que tienen que buscar ese refuerzo en actitudes que le ayuden a aprender a quererse de nuevo. Tal vez maquillarme, pintar mis cejas y usar turbantes, pelucas o ponerme pestañas postizas o prótesis me ayude a acercarme a mí misma.

La belleza es algo que se siente por dentro y debes concentrarte en encontrarte de nuevo,  aunque cuando se ha sufrido un varapalo como este en nuestra vida, las sombras preceden casi siempre a las luces….pero éstas llegarán. No debes apartar los ojos de tu nueva imagen, mírate cada día, trata de aceptar tu nueva imagen poco a poco. Tú ya eras bonita por dentro y lo sigues siendo, pero debes volver a sentirlo.

Habla con tu pareja, deja que él también exprese sus sentimientos, dale la oportunidad de que te cuente cómo lo está viviendo él. Las personas que te quieren también lo están pasando mal y proporcionarles ese espacio para que liberen sus sentimientos y emociones nos hará bien a los dos, nos devolverá nuestra complicidad y nos hará más llevadero el camino que andaremos juntos. Sincerarnos nos acercará.

La siguiente fase del duelo pasa por sucumbir ante un profundo sentimiento de TRISTEZA y DEPRESIÓN. Darnos cuenta de que todo lo que hemos construido a lo largo de toda una vida no es más que un castillo de naipes que en cualquier momento puede desvanecerse sin que puedas hacer nada por evitarlo…..es duro, es muy duro. Y es inevitable pensar en ello, por mucho que  intentemos no hacerlo.

Permítete llorar o gritar cuando lo necesites. Permítete también ser débil cuando así lo sientas. No intentes dar siempre esa imagen de fortaleza y deja que te ayuden, te abracen o te sostengan tus seres queridos. No les prives tampoco a ellos de poder hacerlo para evitarles el sufrimiento, también es una necesidad para ellos al igual que para ti. Estas emociones son liberadoras y no son sino la manera en que podemos estabilizar nuestro cuerpo  y nuestra mente. Esta fase es necesaria y además precede a la fase más importante y que cierra nuestro duelo, la ACEPTACIÓN.

La vida sigue y poco a poco se va imponiendo. El ir cerrando todas estas etapas anteriores de forma correcta, nos va preparando para superar nuestra situación actual. Parece que el camino nos empieza a mostrar sus luces y aparece la ESPERANZA.

El tiempo nos va tranquilizando, vamos buscando nuevas motivaciones y objetivos en nuestro día a día que nos mantengan aferradas a la vida y esto ME DA LA FORTALEZA QUE NECESITO PARA SUPERAR MI ENFERMEDAD.

Vivir la experiencia de sufrir un cáncer nos da un aprendizaje ante la vida que ni cien mil libros de autoayuda  juntos podrían, aunque se paga un duro precio por ello. Aprendizaje que nos hará cambiar las prioridades de  nuestra existencia y dar importancia a las cosas que verdaderamente merecen la pena en ella.

No dudes en buscar ayuda profesional si la necesitas. Las Asociaciones de Lucha Contra el Cáncer proporcionan recursos muy valiosos para ir poco a poco aceptando el proceso y hablar de él con mujeres que han pasado o están pasando por lo mismo que tú, te ayudará a liberarte de muchas de esas emociones negativas que actúan en ti como un pesado lastre y que evitan que puedas vislumbrar de esa luz que ilumina tu camino.

Ánimo, nos estás sola. Tu familia, tus amigos y la gente que te quiere, está contigo. No los apartes de ti. Deja que te acompañen en tu camino y apóyate en ellos.

Y QUIÉRETE, QUIÉRETE MUCHO.