Relatos de Conciliación

15.12.2014 13:06

Un martes cualquiera, charlando con las chicas de los cursos de recuperación puerperal sale el tema de las incorporaciones inminentes a los trabajos de nuevo. Os prometo que la conversación no tuvo desperdicio. He preferido transcribir sus propios relatos para que sean ellas mismas las que os cuenten su situación actual.

Antes de empezar, si queréis leeros la ley, pinchad aquí.

Inmaculada, madre de dos niñas y administrativa.

Cuando me quedé embarazada la segunda vez, mi jefe me dijo que ¿cómo me atrevía tal y como estaban las cosas a quedarme de nuevo embarazada? Aquello me sonó más a amenaza que a felicitación, sinceramente y la verdad es que con mis cinco años de antigüedad en la empresa, jamás me había dado la baja anteriormente salvo cuando di a luz a mi primera hija. En este segundo embarazo he estado trabajando hasta el final por miedo a darme la baja,  aún cuando había días que ni siquiera podía moverme con la ciática y la hinchazón de piernas, completamente agravada por mi necesidad de estar sentada ocho horas ante una mesa.

Ahora me tengo que incorporar de nuevo y solicité unir las vacaciones con las horas de lactancia para poder seguir amamantando a mi hija de forma exclusiva al menos un mes más. Apenas falta una semana para incorporarme y aún no me han contestado. Ante mi insistencia por saber si me lo concedían amparándome en mi derecho a unir estas horas, mi jefe una y otra vez me dice que “lo están valorando”…y pasan los días y no resuelven.

¡Pero es que tengo que organizarme! le sugerí apelando a su conciencia. No es fácil organizarse con dos niños pequeños de un día para otro, máxime cuando uno de ellos aún depende de mi teta, le increpé.

La contestación de mi jefe a mi solicitud e insistencia fue.... que le diera el biberón.

Seguimos en modo espera…..

María, madre de dos niños y auditora.

Yo agoté todo mi permiso, uní mis horas de lactancia y las vacaciones por lo que debía incorporarme al trabajo ya sin demora, seis meses de baja en total. He de confesar que llevo 15 años de antigüedad en la empresa y tan solo me he dado de baja tras mis dos partos. Continúo con lactancia exclusiva y he decidido seguir con ello hasta que pueda, pues hice lo mismo con mi otro hijo y soy una firme defensora de la lactancia materna.

Primer día de incorporación al trabajo. Entiendo que he estado de baja seis meses y que en este tiempo, otra persona ha ocupado mi despacho y mi mesa, pero también entiendo que cuando me incorporo de nuevo lo lógico es que se me devuelvan éstos ¿No? Pues sorpresa la mía cuando al preguntar ¿Bueno y dónde me coloco? Mi jefe me suelta: Ah, no sé, ¡¡búscate una mesa libre!! Un poco descolocada, la verdad, y sin ganas de liarla el primer día, me dispongo a buscar una nueva ubicación, aunque por dentro me hervía la sangre.

Sólo queda libre una mesa en una habitación interior compartida con dos compañeros, me instalo. Voy en busca de “mis cosas”, esas que me dejé en el cajón de mi mesa, tales como bolígrafos, papeles, material de oficina y me encuentro que ha volado todo. Ante la pregunta de ¿dónde están mis cosas? Un compañero me dice que se han ido utilizando conforme habían hecho falta. Me relajo y me digo a mí misma que eso no tiene mucha importancia (que sí la tiene, por respeto a un compañero, pero bueno…) y me vuelvo a mi sitio de trabajo nuevo. Como mi pequeño aún sigue mamando, le pregunto a mi jefe que si en mi hora de desayuno me pueden traer al bebé para que lo amamante. Me dice que yo veré lo que hago pero que ¿a ver dónde lo voy a hacer? El único sitio donde se puede hacer es en el mismo nuevo despacho adjudicado, con mis dos compañeros delante, que por cierto fuman como carreteros y no les importa lo más mínimo que haya un bebé mamando allí. Nueva falta de respeto, cuando además está prohibido fumar en sitios públicos. Yo callada.

Las empresas que yo llevaba de siempre, han sido adjudicadas al “becario sin experiencia” que ha cubierto mi baja maternal y yo de momento, estoy llevando lo que nadie quiere. Triste pero real. Siento que se me está penalizando por haber sido madre y que de nada sirve tu antigüedad, ni tu productividad,  ni tu valía profesional. Si has decidido ser madre y te ausentas de tu trabajo por ello -porque se supone que son tus derechos- te jodes (con perdón) a la vuelta y si no…no haberte ido.

Y así seguimos…..dando la teta y tragando.

Carmen, madre de una niña de dos meses, dependienta.

Yo la verdad es que aún no me he tendido que incorporar, ni lo voy a hacer. No por decisión propia, sino porque trabajaba en una tienda de ropa joven y estaba por contrato. Tan solo llevaba en la empresa dos años pero los contratos se me iban renovando de seis en seis meses. No había faltado ni un solo día al trabajo desde que empecé allí y he ido a trabajar con gripe, con fiebre y hasta con un cólico nefrítico porque al estar con contrato y empezando, no quería arriesgarme. Me considero una buena profesional con experiencia en el sector (de más de diez años) responsable, con don de gentes y en todos los sitios donde he trabajado se me tiene en muy buena estima.

Tuve la mala suerte de tener un embarazo difícil y desde el segundo trimestre estaba muy fastidiada con la ciática de tal manera que necesité tomarme la baja por enfermedad, ya que no podía estar de pié de ninguna de las maneras. Estuve un mes de baja tratándome con  un fisioterapeuta y mejoré bastante, por lo que me reincorporé al trabajo cuando aún me quedaban casi dos meses para parir. Cuál fue mi sorpresa cuando al cumplirme el contrato (quince días antes de mi fecha probable de parto) me soltaron la bomba de que no me iban a renovar porque no necesitaban más mis servicios. Despido “procedente”. Pues hala, a mi casita con cara de tonta y mi barriga hasta la boca y  sin poder reclamar nada porque realmente me cumplía el contrato. Tras mi marcha contrataron a otra niña más joven, que intuyo echarán cuando se quede embarazada para ahorrarse la baja maternal.

Ahora en modo crianza exclusiva, ellos se lo pieden.

Ana, madre de dos hijos y administrativa en un bufete de abogados.

Con mi primer hijo no tuve problemas en la incorporación porque la lactancia no duró mucho y el bebé se destetó muy pronto. Sin embargo, cuando nació mi segunda hija, me propuse mantener la lactancia más tiempo pues también me siento muy implicada con ella y sé que es lo mejor para nuestros hijos.

Una vez incorporada al trabajo, le pregunté a mi jefe si podía sacarme leche allí para ir almacenando esa leche y que se la fuera dando a mi hija  la abuela (que es quien me la cuida) según las necesidades. La respuesta fue que no, que eso le resultaba extremadamente  desagradable. Imaginaos mi  cara…..le comenté que lo podía hacer en el baño y no se iba ni a dar cuenta de que lo hacía y me contestó que el baño era unisex y que si me tiraba allí media hora dentro, lo inutilizaba. Así, sin piedad ni remordimiento alguno me lo soltó. Pero suerte que no me rindo fácilmente y que trabajo en frente de Cemlosarcos. Aprovecho mi media hora de desayuno para cruzar la acera a sacarme allí la leche para que mi jefe no vomite….¡¡¡Bendita conciliación!!!

Sigo con la teta, aunque le pese.

 

Ante este tipo de relatos, me pregunto si de verdad estamos avanzando en algo las mujeres o seguimos bajo el yugo de esta sociedad machista que ni valora nuestra profesionalidad, ni nos facilita en modo alguno la conciliación laboral y maternal, pero eso sí, de cara a la prensa nos anima a ser madres.

Necesitamos bajas maternales más prolongadas, mínimo de seis meses a un año (digo bien, mínimo) para criar a nuestros hijos, máxime cuando la O.M.S. nos recomienda lactancia exclusiva hasta los seis meses, pero a las 16 semanas, en el mejor de los casos, me tengo que incorporar.

Y necesitamos leyes que nos protejan de semejantes abusos como los que nos han contado estas madres. Leyes que nos garanticen poder estar con nuestros hijos mientras nos necesiten y que nos permitan amamantarlos. Leyes que no vulneren los derechos de nuestros hijos a ser amamantados y cuidados por sus padres/madres. Leyes que nos amparen cuando nos quedamos embarazadas o volvemos al trabajo, para que no se nos castigue por haber sido madres.

Necesitamos saber: ¿para cuándo la igualdad real entre hombres y mujeres?