Nunca Digas, Nunca Jamás

21.04.2014 12:09

Es curioso como lo que una piensa y lo que luego hace, son muchas veces cosas diferentes. Supongo que todas nosotras tenemos en la cabeza el manual de la buenamadre y nada más lejos de tu imaginación que saltarte ni uno solo de sus capítulos….peeeero a veces, las circunstancias mandan y donde dije digo, digo Diego…irremediablemente. Tal vez con el primer hijo no, pero con el segundo y sucesivos….la cosa cambia.

¡¡¡Que levante la mano quien con el primer vástago no esterilizaba y esterilizaba el chupete (y todo lo demás…incluido el propio niño) hasta el punto de volver el látex blanco, babosón, y hacerlo enorrrme de tanto vapor!!!! Nos creíamos que la inmunidad del hijo era algo imprescindible de salvaguardar a toda costa, pues de ello dependía la integridad física del niño y la mental de la madre y halaaa….a esterilizarlo todo, todo y todo…..hasta los tres años. Y con el tiempo te das cuenta que el niño cuando entra en la guardería se resfría todos los meses, que ha pillado ya dos mil gastroenteritis y que lo único que te queda ya por hacer para evitar que el niño enferme, es meterlo en una burbuja de plástico y no dejarlo salir de allí hasta los veinte años…¡¡¡venga ahora que se resfríe si le da la real gana!!!

Llega ese segundo, al que no le has esterilizado ni un mal bibi (ni tan siquiera por higiene, se lavan en el lavavajillas con el resto de platos y ollas) y ese chupe que se cae al suelo……¿qué hacemos…esterilizamos? Nooooo…eso nunca más, ya has aprendido que no es infalible el método. Ese chupe pasa por la boca de la madre por aquello de que la saliva tiene antibacterianos  y luego….directamente a la boca del crío sin preámbulos…¿o no? He visto hasta mojar ese chupe en cerveza por aquello de que el alcohol desinfecta.....y más de una vez. Y siempre que caía al suelo, repetías en voz alta para acallar tu conciencia: menos mal que ha caído de pie….. Y ese niño sale adelante y extrañamente ni se refría el muy ……, ni ha pillao una gastroenteritis en su vida. Ehn…¿cómo te lo explicas? Y no me digas que con el primero no te decías a ti misma cuando observabas este comportamiento en alguna otra malamadre, que tú jamás harías eso. ¡¡Te tienes que tragar tus palabras!!

Ese primer hijo, primer nieto, primer sobrino y primero en todo. Esa familia y en especial esa madre volcada en cuerpo y alma a su retoño. Estimulado y sobre estimulado hasta el punto de hablar antes de andar y mover la pantalla del papa´s Iphone con el dedito índice para ponerse él solito la canción de Pocoyó. Pura dedicación parenteral y familiar hacia esa criatura que ya asusta de las cosas que sabe hacer con seis meses……y que con cinco añitos te hace puzles de cinco mil piezas en  3D  y te toca la sonata en re mayor de Haydn, a cuatro manos.

Nace el segundo. Esa pobre criaturita que cohabita contigo en casa pero que ni siente ni padece, que no da ruidito….porque ahorra sus energías para sacarlas cuando realmente sabe que le resultará rentable y será escuchado. Al que le haces monerías por puro cargo de conciencia, pero que sobrevive a base de aire y poco más. Tú te juraste a ti misma dedicarle el mismo tiempo que al primero, pero lamentablemente, éste a sus cinco años no ha hecho un puzle de más de diez piezas en su vida, no porque la criaturita no tenga posibles, sino porque nadie se pone con él a hacerlos y creedme…hacer puzles en solitario para un niño de cinco añitos es aburridísimo. Ese niño que ha tenido la cabeza plana por atrás hasta los dos años, tiempo en el que el pediatra te dijo que lo sacaras a ratitos del cochecito, que tenía que aprender a gatear y a andar….pobrecicos…unos tanto y otros tampoco….y tú cada día te planteabas la necesidad de ponerte con el crío para irlo estimulando pero van pasando los días y los meses….y no encontramos el ratito.

Y ese mismo segundo, que no sale en casi ninguna foto….y si sale, siempre es con su hermano mayor dando morcilla. Pero para el primero tienes sienes y sienes de fotos en todas las posturas posibles y vídeos…ya ni te cuento. Y tú te juraste una y mil veces que cuando naciera el segundo le harías las mismas fotos y monadas que al primero, pero luego…la realidad es otra. Por mucho que lo intentes no te da tiempo a hacerle todo lo que te gustaría y el segundo siempre queda en desventaja. Y el tercero y sucesivos ya no tienen nada propio, todo compartido, usado y heredado. Y de hacer puzles y encajables,  ni hablamos…..¡¡ya aprenderán esas cosas en el cole más rápido y mejor!!...para eso están los profes.

Momento comida. Con ese primero, hacías potitos casi a diario y la fruta por supuesto, natural y triturada en el acto para que no perdiera las vitaminas. Ese primogénito que comenzaba a comer a las 13.00 horas en punto, llueva, truene, haga sol o esté el niño durmiendo…ni un solo minuto de demora. Poco menos que teníamos un calendario en la puerta del frigorífico con los menús equilibrados y las horas ajustadas al segundo. Y se alteraban los planes de los padres en función de los horarios del mocoso.

Ya con el segundo y sucesivos…como que te vas relajando en esto de las horas en punto. Incluso comienzas a vivir situaciones por las que jamás hubieses pensado que pasarías porque te parecía de un malamadre exagerado. Situaciones tales como salir el finde con los amigos en plan pandilla familiar y recabar en que son las 15.00 horas y esos pobres niños no han comido aún (pero tú estás dándole a las cervecitas), llevan dos horitas de retraso ya y para paliar la situación, le das un bollo de pan a cada uno para que aguanten un poco mientras montamos el comedor…..¿o no? Y ese segundo se come el potito de farmacia y la fruta envasada sí o sí, porque hay veces en que falla la infraestructura.

Y tantas y tantas otras cosas…..

Pero esto realmente tiene su lectura positiva. Los segundos salen adelante por puro instinto de supervivencia y paradójicamente disfrutan más de las cosas en general, enferman menos, son menos exigentes, lo aprecian todo más y suelen ser más independientes que los primeros. Parecen saber que no pueden dar mucha morcilla y suelen ser más pacientes y prudentes, al menos de pequeños.

Ellos son más fuertes y nosotras salimos fortalecidas de la experiencia. Se nos quitan las tonterías de encima y los agobios, y comenzamos a vivir la maternidad de forma más sosegada y a disfrutarla más.

Quizás por eso la sabiduría popular te dice: Uno ata y dos, desatan. ¿No creéis?