El Increíble Poder de las Masas

15.06.2015 00:00

Alucinante, es la palabra.  Al menos a mí, me resulta alucinante la capacidad que tienen "las masas" (léase madres, familiares, amigos, vecinas del quinto..) para desvirtuar y placar voluntades, sobre todo en cuestiones de lactancia y crianza.

Sinceramente, no os miento si os digo que todas las semanas recibo llamadas en las que la madre, a lágrima viva, busca en mí tan solo que afiance su postura ante la lactancia, porque duda ya hasta de su existencia. Necesita que le digas algo tan sencillo como  “no te preocupes, lo estás haciendo fenomenal”, lo cual ella ya sabe, pero necesita oírselo decir a alguien. Ese alguien no debería ser yo, debería ser su entorno más próximo.

Qué poco cuesta reforzar la confianza de esa mujer en los primeros días de su recién estrenada etapa como mamá y qué pocas veces lo hacemos.

Cuando una madre da a luz, se encuentra cansada, falta de sueño, incómoda, hormonalmente revuelta, con dudas y con falta de confianza ante su nueva responsabilidad como madre. Duda de si será capaz de atender las necesidades de su bebé, pues duda incluso, de si será capaz de reconocerlas. El bebé es un extraño para ella y es, en muchos casos, la primera vez que se encuentra en esta situación.

Esta mujer ha decidido por voluntad propia y convicción plena que quiere dar de mamar a su bebé y es curioso, porque lo que en principio parece ser una decisión acertada de cara al público, pues te animan a hacerlo y alaban tu decisión, cuando el bebé ha nacido y nos encontramos de frente en ese momento esperado por ella y por todos, sin causa aparente, la masa cambia de opinión, se vuelve hostil contra esa mujer y la arrastra hacia un mar de dudas y un clima de desconfianza que la hace vulnerable y la expone a las idas y venidas emocionales que la gente le impone.

Si la paredes de una habitación de la Maternidad hablasen, nos contarían la cantidad de veces que han oído frases de “refuerzo de confianza” para esa madre del estilo de estas:

“¿Crees que te subirá la teta? Hay muchas mujeres que no pueden dar el pecho”

“No te preocupes, si porque le des un biberón no va a pasar nada, y así descansas”.

“Ponle el chupete, así dejará de llorar y evitarás que de mayor se chupe el dedo”

“¿Tendrás que darle algo de comer mientras te sube la leche, no? No ves que está muertecito de hambre, le va a dar una hipoglucemia y te lo van a dejar ingresado”

“¿Tú crees que te subirá la leche? Ni tus hermanas ni yo hemos podido dar el pecho, a lo mejor es hereditario”

“¿No ves que no tienes leche? Tienes el pecho flojo, ahí no hay nada. No es normal que el niño esté tan nervioso, eso es porque está muerto de hambre”

“Hija, esto no es normal. Tanto tiempo el niño al pecho eso es porque se queda con hambre. ¿A ver si el problema es que tu leche no es buena y lo vas a desnutrir?”

“Si te duelen los pezones déjalo, qué necesidad tienes de pasar calamidades con lo bien que se crían los niños con biberón”

…y así podríamos seguir hasta aburriros…….

Esa madre ha tomado una decisión de amamantar y para ello ha seguido una conducta responsable informándose sobre la lactancia y preparándose para este momento. Respetemos su decisión.

Me consta que, al menos en mis clases, la información que reciben es de calidad y bien extensa. Se les habla de todo lo que necesitan saber sobre lactancia, subida de la leche, agarre del bebé, dolores de pezones, necesidades del bebé, etc.  y se les insiste hasta que no queda una sola duda entorno a la lactancia y a lo que se van a encontrarse tras el nacimiento de su hijo (incluida la certeza de que van a recibir esta presión social, que va en el lote de la Lactancia) y aún así, recibes la llamada porque el entorno que rodea a esa madre se ha encargado de dar al traste con su decisión y se ha empeñado sembrar en ella la semilla de la duda, aprovechando su momento vulnerable, pues aquí son blancos fáciles.

Muchas veces se hace sin mala intención, lo sé, pero igualmente se hace, fundamentalmente por no saber tener la boca cerrada.

La semana pasada, recibí una llamada (nada novedosa, por otra parte) en la que una mamá me decía, literalmente:

-Isabel, ya sé que en las clases decías que sí se podía, pero ¿Puedo beber agua mientras doy el pecho? Es que mi madre dice que no se debe porque “se agua la teta” y a mí me da una sed que me muero….

-Tú conoces la respuesta perfectamente ¿no?

- Que se podía ¿verdad? Se lo he dicho a mi madre pero no me cree y  ya me ha puesto en duda.

- Pues claro, y además es muy aconsejable, ya lo sabes. Di a tu madre hace mucho tiempo que ella dio el pecho y las cosas han cambiado bastante de un tiempo a esta parte. Dile que ahora tenemos más información que antes y más estudios acerca de la lactancia que han hecho que modifiquemos conductas erróneas que manteníamos tiempo atrás y que no ayudaban mucho.

- Ya, si la verdad es que sabía que se podía, pero es que necesitaba oírtelo decir a ti de nuevo.

 Fijaros que manera tan fantástica de hacer dudar a una mujer que se había informado correctamente, que tenía claro lo que quería y que lo estaba haciendo perfectamente, pero que pillada en un momento de vulnerabilidad, se puede hacer mucho daño a esa lactancia, a esa mujer y su hijo.

He puesto este ejemplo por ser el más reciente, pero igual me preguntan sobre el chupete, los diez minutos en cada pecho, los biberones mientras sube la teta y un largo etcétera de cuestiones para las que me consta que ellas mismas tienen la respuesta.

No son dudas lo que esa mujer necesita en sus primeros días, es algo más simple lo que necesita: refuerzo de su confianza y apoyo incondicional en su decisión.

Ya me gustaría a mí escuchar frases como estas en esos primeros días:

-Tranquila, lo estás haciendo fenomenal.

-No te preocupes, tu leche subirá. Todas las mujeres pueden dar el pecho.

-Ponte a tu niño al pecho a menudo, eso hará que tu leche suba antes y reforzará tu confianza. No te preocupes por el tiempo, el bebé marcará el ritmo. Escúchale a él y escúchate tú.

-¿No ves que el niño está tranquilo, hace peso, está activo y tiene un color precioso? eso significa que lo estás haciendo muy bien. Tú eres quien mejor conoce a tu bebé.

-Eres una buena madre, encontrarás las respuestas que buscas.

- A ti, ¿qué te pide tu corazón hacer? Confía en tu instinto y en la información que tienes.

- Etc……

 Fijaros qué distinto y qué sencillo.

Esa madre atenderá a su hijo con la confianza y la seguridad que le da el saber que lo está haciendo correctamente.

Confiará en que sus conocimientos y su propio instinto le van a guiar por el buen camino.

Crecerá en lugar de empequeñecerse.

Vivirá su lactancia y crianza de forma plena y confiada.

Permanecerá motivada ante las adversidades y disfrutará de ella con alegría y pasión.

Buscará ayuda si lo necesita.

Mantendrá una lactancia satisfactoria para ambos, madre e hijo.

Intentemos no interferir en temas de lactancia y crianza si no es para ayudar. Si esa mujer duda, ya se procurará ella la ayuda necesaria.

Y si discrepamos, puntito en boca.

Dra. Mª Isabel Martínez Muñoz
Médico, Especialista en Educación Maternal y Recuperación Puerperal.
Asesora de Lactancia. Educadora de Masaje Infantil. Sofróloga.